viernes, 30 de noviembre de 2012

Los profesionales de la enseñanza y los funcionarios de la educación

      Aunque parezca que nos estamos refiriendo a las mismas personas, no es así. Son antónimos. Totalmente opuestos, principalmente por un motivo. Esto sucede en todo campo profesional.
      Es cierto que tienen muchas cosas en común: la titulación,  el lugar de trabajo, sus superiores,  sus funciones, sus responsabilidades, etc. Pero también muchas diferencias: edad, situación laboral (interino, sustituto, funcionario), género, cargas económicas o familiares, situación sentimental, enfermedad, etc.
      El motivo por el cuál diferenciamos a unos y a otros no se encuentra en ninguna de las características anteriores aunque influyen en ellos de manera directa. Lo que diferencia a unos y a otros es la orientación de sus objetivos.

      Dentro de todo campo profesional, encontramos que todos los sujetos tienen dos objetivos relacionados entre sí:

  1. -Objetivos Profesionales
  2. -Objetivos Personales

      El predominio de un objetivo u otro clasifica a los individuos dentro del campo laboral. Ambos, como apuntábamos al principio, están influenciados tanto por las características comunes como por las particulares de cada caso. Pero no podemos agruparlos por sus características comunes, ni por sus circunstancias individuales sino por el predominio de un objetivo u otro, dentro del centro de trabajo.

      Así encontramos:

-A los profesionales de la educación (predominio profesional)

-A los funcionarios de la educación (predominio personal)

      Cuando nos referimos a los profesionales de la educación hacemos mención a aquellos que tienen sus objetivos orientados en el ámbito profesional. No quiere decir que no tengan intereses personales pero los mantienen al margen de su trabajo. Se sienten motivados y con ganas de enseñar a pesar de las dificultades que puedan encontrar en su trabajo o en su vida privada. 
      Aquí, ni sus características comunes ni sus circunstancias particulares, importan: funcionario, sustituto, interino, que tenga cargas familiares, etc. Lo importante es que sus objetivos profesionales tienen más peso dentro de su trabajo que su vida privada.  
      El otro grupo, los funcionarios de la educación,  se encuentra inmerso en sus intereses o  en sus problemas personales y los trasladan a su lugar de trabajo. No están motivados profesionalmente. Sus preocupaciones están muy lejos de su labor profesional. Es decir, no saben separar su vida privada de su trabajo. Suelen ser individuos que llevan muchísimos años en la docencia, que han ejercido la enseñanza por sus privilegios laborales y no vocacionalmente, que han tenido problemas graves dentro de su trabajo o en su vida privada.

      Este artículo está dirigido a recordar que no necesitamos funcionarios de la educación sino profesionales que estén motivados y con ideas innovadoras producto de su amor a la enseñanza. La mayor de las satisfacciones de un profesor no es el sueldo, las vacaciones, las pagas, etc., sino que sus alumnos/as estén deseando volver a clase al día siguiente. Ello será debido a que, cuando suena el despertador, se levanta con ganas de ir a trabajar con la misma ilusión que el primer día, no por los privilegios que su profesión le aporta a su vida sino lo que él le aporta a su profesión (a sus alumnos) producto de su vocación, su ilusión y su experiencia.

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