jueves, 29 de noviembre de 2012

La enseñanza-aprendizaje útil para la vida

      Como hemos apuntado en artículos anteriores, el aprendizaje en la escuela se basa en memorizar un temario para superar unas pruebas. Los conocimientos no son útiles para los alumnos porque no les sirven para su vida diaria, ya que el objetivo no es este, sino las calficiaciones. El sistema le da más importancia a los resultados que a lo que se ha aprendido. Esto no va a cambiar. Así que es mejor asumirlo. 
      El aprendizaje académico, no garantiza que los conocimientos sean asumidos de manera permanente.
      Garantiza la clasificación de los individuos a través de los títulos académicos, conseguidos con la memorización. Los exámenes son demostraciones de la memoria, no de la comprensión. Por ello, la manera de enseñar los conocimientos y, sobre todo, la utilidad de estos, deben ser objeto de reforma. Porque si no vemos la utilidad de lo que se nos enseña, ¿para qué estudiar? Para lo único que nos vale es para superar las pruebas académicas impuestas por el sistema.  
      No olvidemos que el sistema educativo es una inversión. Por tanto, los gobiernos recuperarán aproximadamente 10 euros por 1 euro de inversión en educación. Se educa por tanto, para satisfacer las demandas del mercado laboral, no para desarrollar todas las capacidades del individuo, su autonomía, su capacidad crítica, etc. y para reproducir la ideología del partido gobernante.
      El fracaso escolar viene por la desmotivación que crea la falta de utilidad dentro de la realidad de los alumnos/as de los conocimientos que se enseñan en el campo académico, la enseñanza dictatorial docente, la presión del campo familiar y la presión de la sociedad por obtener un título académico.
      Pero aprender no tiene por qué ser un tostón.
      Aprender no significa satisfacer las necesidades del mercado laboral. Aprender no significa la búsqueda de la reporducción de una ideología a través de un servicio público. Aprender significa eso mismo: aprender. Y debería ser un placer. Podemos y debemos cambiar nuestra forma de aprender (alumnos), nuestra forma de enseñar (docentes) y nuestro concepto de éxito escolar (sociedad). No podemos esperar a que el campo institucional cambie su concepto de educación porque persigue objetivos muy alejados de la enseñanza. Por tanto, debemos ser nosotros, usuarios y profesionales, los que comencemos a cambiar el concepto enseñanza-aprendizaje.
      Para ello, alumnos, docentes y familias, disponemos de recursos variados para fomentar la enseñanza comprensiva. En Internet, tenemos numerosas páginas que nos ofrecen métodos y consejos muy útiles para aprender de manera divertida, comprensiva y útil para el día a día. También en los libros, encontraremos buenos trabajos de psicólogos, pedagogos y profesionales de la enseñanza orientados hacia esta parcela.
      Todos los campos deben orientar su labor hacia esta manera de enseñar y aprender. ¿Cómo hacerlo? El primer paso es fomentar una actitud crítica en los alumnos. Para ello, familiares y docentes debemos serlo.
      En el campo docente, por ejemplo, es importante que refuercen la comprensión lectora. En clase podrían leer un tema, cerrar los libros y debatir o exponer dicho tema leído. Una vez hecho esto el profesor debe realizar una tarea imprescindible: llevar la lección al contexto real de los alumnos, es decir, enseñarles para qué le es útil en sus vidas, adquirir dicho conocimiento.
      Lo mismo ocurre con tareas como las matemáticas (con ejercicios de cálculo mental en situaciones que reflejen la realidad), conocimiento del medio (orientación, geografía local, clima, fauna, flora, arte, cultura), adquisición de una segunda lengua (dialogar en clase, llevando el contexto cultural al aula sin recurrir a la traducción, lectura), etc.
      Otra labor que pueden realizar los docentes es enseñar a los alumnos y a las familias técnicas de estudio y de apoyo. Estas, no deben estar orientadas a superar unos exámenes sino a aprender de manera profunda, divertida, útil, comprensiva y duradera.
      Por supuesto, sobra decir que los hogares deben continuar con esta motivación y apoyo, ya que los niños/as pasan más tiempo con sus familias que con los docentes.
      En definitiva, conseguir que los alumnos obtengan una actitud crítica y aprendan a analizar la realidad.
      Todo ello bajo un aprendizaje basado en la resolución real de problemas con el error como base para el aprendizaje.
      Solo aplicando los conocimientos a un contexto real sabremos si los alumnos han comprendido la lección. Si es así, lo utilizarán de manera correcta, crítica, libre y sin ayuda.
      Para hacer incapié, en el siguiente video los docentes hablan de la importancia de poseer una actitud crítica para el aprendizaje:

http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=vsfkdgnHYKc

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