Aunque parezca que nos estamos refiriendo a las mismas personas, no es así. Son antónimos. Totalmente opuestos, principalmente por un motivo. Esto sucede en todo campo profesional. Es cierto que tienen muchas cosas en común: la titulación, el lugar de trabajo, sus superiores, sus funciones, sus responsabilidades, etc. Pero también muchas diferencias: edad, situación laboral (interino, sustituto, funcionario), género, cargas económicas o familiares, situación sentimental, enfermedad, etc. El motivo por el cuál diferenciamos a unos y a otros no se encuentra en ninguna de las características anteriores aunque influyen en ellos de manera directa. Lo que diferencia a unos y a otros es la orientación de sus objetivos.
Dentro de todo campo profesional, encontramos que todos los sujetos tienen dos objetivos relacionados entre sí:
-Objetivos Profesionales
-Objetivos Personales
El predominio de un objetivo u otro clasifica a los individuos dentro del campo laboral. Ambos, como apuntábamos al principio, están influenciados tanto por las características comunes como por las particulares de cada caso. Pero no podemos agruparlos por sus características comunes, ni por sus circunstancias individuales sino por el predominio de un objetivo u otro, dentro del centro de trabajo.
Así encontramos:
-A los profesionales de la educación (predominio profesional)
-A los funcionarios de la educación (predominio personal)
Cuando nos referimos a los profesionales de la educación hacemos mención a aquellos que tienen sus objetivos orientados en el ámbito profesional. No quiere decir que no tengan intereses personales pero los mantienen al margen de su trabajo. Se sienten motivados y con ganas de enseñar a pesar de las dificultades que puedan encontrar en su trabajo o en su vida privada. Aquí, ni sus características comunes ni sus circunstancias particulares, importan: funcionario, sustituto, interino, que tenga cargas familiares, etc. Lo importante es que sus objetivos profesionales tienen más peso dentro de su trabajo que su vida privada. El otro grupo, los funcionarios de la educación, se encuentra inmerso en sus intereses o en sus problemas personales y los trasladan a su lugar de trabajo. No están motivados profesionalmente. Sus preocupaciones están muy lejos de su labor profesional. Es decir, no saben separar su vida privada de su trabajo. Suelen ser individuos que llevan muchísimos años en la docencia, que han ejercido la enseñanza por sus privilegios laborales y no vocacionalmente, que han tenido problemas graves dentro de su trabajo o en su vida privada.
Este artículo está dirigido a recordar que no necesitamos funcionarios de la educación sino profesionales que estén motivados y con ideas innovadoras producto de su amor a la enseñanza. La mayor de las satisfacciones de un profesor no es el sueldo, las vacaciones, las pagas, etc., sino que sus alumnos/as estén deseando volver a clase al día siguiente. Ello será debido a que, cuando suena el despertador, se levanta con ganas de ir a trabajar con la misma ilusión que el primer día, no por los privilegios que su profesión le aporta a su vida sino lo que él le aporta a su profesión (a sus alumnos) producto de su vocación, su ilusión y su experiencia.
Como hemos apuntado en artículos anteriores, el aprendizaje en la escuela se basa en memorizar un temario para superar unas pruebas. Los conocimientos no son útiles para los alumnos porque no les sirven para su vida diaria, ya que el objetivo no es este, sino las calficiaciones. El sistema le da más importancia a los resultados que a lo que se ha aprendido. Esto no va a cambiar. Así que es mejor asumirlo. El aprendizaje académico, no garantiza que los conocimientos sean asumidos de manera permanente. Garantiza la clasificación de los individuos a través de los títulos académicos, conseguidos con la memorización. Los exámenes son demostraciones de la memoria, no de la comprensión. Por ello, la manera de enseñar los conocimientos y, sobre todo, la utilidad de estos, deben ser objeto de reforma. Porque si no vemos la utilidad de lo que se nos enseña, ¿para qué estudiar? Para lo único que nos vale es para superar las pruebas académicas impuestas por el sistema. No olvidemos que el sistema educativo es una inversión. Por tanto, los gobiernos recuperarán aproximadamente 10 euros por 1 euro de inversión en educación. Se educa por tanto, para satisfacer las demandas del mercado laboral, no para desarrollar todas las capacidades del individuo, su autonomía, su capacidad crítica, etc. y para reproducir la ideología del partido gobernante. El fracaso escolar viene por la desmotivación que crea la falta de utilidad dentro de la realidad de los alumnos/as de los conocimientos que se enseñan en el campo académico, la enseñanza dictatorial docente, la presión del campo familiar y la presión de la sociedad por obtener un título académico. Pero aprender no tiene por qué ser un tostón. Aprender no significa satisfacer las necesidades del mercado laboral. Aprender no significa la búsqueda de la reporducción de una ideología a través de un servicio público. Aprender significa eso mismo: aprender. Y debería ser un placer. Podemos y debemos cambiar nuestra forma de aprender (alumnos), nuestra forma de enseñar (docentes) y nuestro concepto de éxito escolar (sociedad). No podemos esperar a que el campo institucional cambie su concepto de educación porque persigue objetivos muy alejados de la enseñanza. Por tanto, debemos ser nosotros, usuarios y profesionales, los que comencemos a cambiar el concepto enseñanza-aprendizaje. Para ello, alumnos, docentes y familias, disponemos de recursos variados para fomentar la enseñanza comprensiva. En Internet, tenemos numerosas páginas que nos ofrecen métodos y consejos muy útiles para aprender de manera divertida, comprensiva y útil para el día a día. También en los libros, encontraremos buenos trabajos de psicólogos, pedagogos y profesionales de la enseñanza orientados hacia esta parcela. Todos los campos deben orientar su labor hacia esta manera de enseñar y aprender. ¿Cómo hacerlo? El primer paso es fomentar una actitud crítica en los alumnos. Para ello, familiares y docentes debemos serlo. En el campo docente, por ejemplo, es importante que refuercen la comprensión lectora. En clase podrían leer un tema, cerrar los libros y debatir o exponer dicho tema leído. Una vez hecho esto el profesor debe realizar una tarea imprescindible: llevar la lección al contexto real de los alumnos, es decir, enseñarles para qué le es útil en sus vidas, adquirir dicho conocimiento. Lo mismo ocurre con tareas como las matemáticas (con ejercicios de cálculo mental en situaciones que reflejen la realidad), conocimiento del medio (orientación, geografía local, clima, fauna, flora, arte, cultura), adquisición de una segunda lengua (dialogar en clase, llevando el contexto cultural al aula sin recurrir a la traducción, lectura), etc. Otra labor que pueden realizar los docentes es enseñar a los alumnos y a las familias técnicas de estudio y de apoyo. Estas, no deben estar orientadas a superar unos exámenes sino a aprender de manera profunda, divertida, útil, comprensiva y duradera. Por supuesto, sobra decir que los hogares deben continuar con esta motivación y apoyo, ya que los niños/as pasan más tiempo con sus familias que con los docentes. En definitiva, conseguir que los alumnos obtengan una actitud crítica y aprendan a analizar la realidad. Todo ello bajo un aprendizaje basado en la resolución real de problemas con el error como base para el aprendizaje. Solo aplicando los conocimientos a un contexto real sabremos si los alumnos han comprendido la lección. Si es así, lo utilizarán de manera correcta, crítica, libre y sin ayuda. Para hacer incapié, en el siguiente video los docentes hablan de la importancia de poseer una actitud crítica para el aprendizaje:
Los servicios públicos son instrumentos políticos que reflejan la ideología del partido gobernante. Esta afirmación que aquí exponemos está basada, por ejemplo, en el modelo educativo. El modelo educativo es un modelo inestable y cambiante, no por la evolución y el desarrollo del ser humano, sino por los cambios de gobierno. Para entender esta dinámica de cambio es necesario investigar en la génesis del sistema educativo. ¿Quiénes lo realizan? Los políticos de turno asesorados por pedagogos. ¿Quiénes son los pedagogos? Profesores universitarios que viven una realidad de la enseñanza muy distinta a la que pretenden mejorar. Ofrecen soluciones ideales pero con la influencia de la ideología política que gobierna. Es más, los políticos eligen, no a los pedagogos más destacados, sino a los afines a sus ideas políticas. ¿Para qué? Pues para utilizar el sistema educativo como instrumento reproductor de su ideología y así favorecer a las clases que representan. No se basan en la investigación empírica de los hechos. Porque sin la ideología, ¿para qué necesitan a la escuela? Ni siquiera se introducen en la realidad, a través de los campos que día a día utilizan el sistema escolar estatal, para conocer de primera mano lo que ocurre y con ello buscar las soluciones adecuadas para ofrecer una educación de calidad. Ello es debido a que no es este su objetivo. Si así fuera, los creadores de los modelos educativos y de sus reformas, serían los docentes en colaboración con los campos familiares y estudiantiles. Hecho esto, el gobierno haría lo que tiene que hacer: gestionar los recursos materiales y humanos. Además, los recursos económicos que tiene el Estado son gracias a la aportación de nuestros impuestos. ¿A dónde se destinan estos presupuestos? A mantener los excesos de los políticos y sus gastos innecesarios y a instituciones que no nos benefician en nada (Corona, Senado, Títulos Nobiliarios). Además, tenemos un sistema fiscal que beneficia a los de siempre. Para más señas, un alto cargo del gobierno paga alrededor de 150 euros al año en impuestos por los 880 euros al mes de media de cualquier español. Nuestros altos cargos cobran, como sueldo base y sin contar los complementos, alrededor de 3.200 euros frente a los 400 euros en que está estipulado el salario mínimo interprofesional. Una vez vistas estas características, es perfectamente comprensible que las reformas no ayuden al grueso de la población. Ayudarían si el modelo fuese creado por la asociación de los campos que componen la escuela primaria y la secundaria: el campo familiar, el campo estudiantil y el campo académico, y el gobierno se limitara a proporcionar los recursos materiales y humanos, que para eso está. Por ello, el primer paso debemos darlo nosotros. Debemos unirnos para dialogar qué sistema educativo queremos. ¿Para qué pagarlo si no hemos participado en su creación, no nos beneficia y se nos señala como los culpables del fracaso? Creemos nosotros nuestro propio modelo y que ellos hagan lo que tienen que hacer: gestionar, no dirigir ni influenciar en la educación con objetivos que están muy lejos de conseguir una educación de calidad.
Es muy difícil hablar de implicación familiar en los tiempos que corren. Ante todo, queremos mostrar nuestro máximo respeto a las múltiples situaciones que se generan en las familias y disculparnos de antemano si, con nuestra humilde propuesta, ofendemos o herimos la sensibilidad de las personas. Nuestro objetivo es ofrecer una serie de medidas que, a nuestro entender, mejorarán la educación de los niños/as, reiterando, siempre desde el máximo de los respetos.
Debemos hacer una reflexión profunda sobre nuestra implicación como padres/madres. La primera de las preguntas sería, ¿estoy lo suficientemente preparado como para educar a mi hijo/a de manera total sin necesidad de un sistema educativo? ¿Estoy participando de manera activa en su educación? ¿Sé en todo momento cómo orientar su educación en valores y en conocimientos? ¿Estoy preparado académicamente y humanamente para darle el apoyo necesario según el momento y la necesidad? Y si no es así, ¿de qué recursos puedo valerme?
Debemos recordar que nuestros hijos/as pasan más horas al día con nosotros que con los profesores. Ellos les aportan conocimientos académicos y herramientas que la sociedad les exige para una correcta socialización y que en sus hogares no pueden adquirir. Pero sus modales, su forma de comprender, su forma de expresarse, su comportamiento y su correcto desarrollo es responsabilidad absoluta del campo familiar.
Esto nos servirá para darnos cuenta de la importante labor que los docentes desempeñan y la falta de implicación por nuestra parte en la educación de nuestros hijos/as. Debemos mirarlos no como nuestros enemigos, sino como nuestros aliados ya que son trabajadores del sistema, no sus creadores. Son el eslabón más bajo de la administración educativa y, por tanto, cumplen órdenes de manera imperativa, al igual que nosotros. Ninguno de los dos participamos en la creación de los modelos o de las reformas educativas. Y sin embargo, se les culpa del fracaso de las reformas y del fracaso escolar. Es hora de hacer examen de conciencia y de acercarnos al profesor para tenderle nuestra ayuda en la difícil situación que también ellos están atravesando día a día. Solo comprendiendo las necesidades del otro, poniéndonos en su lugar y comprendiendo lo que ocurre dentro de los Centros por culpa de las leyes y las reformas educativas, podremos, entre todos, ayudarnos mutuamente y abordar de manera real los problemas. Hacer esto, sería la muestra de la búsqueda de un objetivo común. Sería algo extraordinario.
Ante las preguntas que planteábamos al principio del apartado puede haber diferentes respuestas. Contamos con ello. No obstante, con acercarnos al profesor y preguntarle de qué manera podemos ayudar a nuestros hijos/as en casa, daremos un paso gigantesco. Utilizando en casa Internet para algo más que mirar el Facebook o el Marca, descubriremos ejercicios de todo tipo para reforzar el aprendizaje académico y leer obras y artículos muy interesantes sobre educación, psicología del desarrollo, maneras de motivar, juegos, etc., que nos ayudarán a llegar hasta lo más profundo de la mente y del corazón de nuestros hijos/as. Educarles en buenos hábitos como la comprensión lectora y exposición oral sobre el tema leído, la escritura, las actividades al aire libre, el deporte individual y colectivo, la adquisición de una segunda lengua (inglés), la escucha activa de música, las actividades extraescolares, etc. Pero ante todo, debe haber buenos hábitos afectivos, cariño, apoyo, seguridad, etc., para poder ofrecer a nuestros hijos/as una educación equilibrada no solo en conocimientos sino en sentimientos y en valores. Un página muy recomendada en Internet es www.guiainfantil.com
En definitiva, ofrecerles las herramientas necesarias para que descubran el mundo que les rodea y enseñarles a utilizarlas de manera autónoma y libre en colaboración con los docentes. Todo ello sin olvidar lo más importante: una educación basada en el amor, los sentimientos, la felicidad, la motivación y en los valores morales.
DOCENTES
Deben olvidarse de cumplir con las expectativas imposibles que el gobierno les marca y centrarse en la educación. Entendemos que con los recortes en medios y en recursos humanos están desbordados de trabajo. No obstante, podrían comunicarse con las familias de tú a tú, ya que no hay ni superioridad ni subordinación entre ellos y buscar la manera de apoyarse mutuamente. Hacerles entender que ambos son víctimas del mismo sistema, que ellos no han elegido estas circunstancias y que no están en su contra. Que comprendan que no tienen todo el tiempo que quisieran para dedicarles a sus hijos/as porque tienen que atender otras obligaciones menos importantes,ocupándoles mucho tiempo lectivo. Es decir, que haya un consenso. Una sociedad. Un ejemplo de colaboración entre ambos campos sería que los padres/madres ayudaran al docente a corregir las tareas de clase o que repasaran con ellos en sus hogares ciertas lecciones que al niño/a le cuesta entender, buscar apoyo particular, buscar ejercicios en Internet, etc. Estas medidas serían un gran paso adelante además de una seguridad para los niños/as, que ven como todos los miembros sobre los que está subordinado están coordinados y en total acuerdo.
¡Cierren los libros de texto! Salgan a investigar el entorno y las gentes de su lugar de trabajo. Hablen con los padres y madres. Con ello, crearán los métodos de enseñanza adecuados a la realidad social y cultural de sus alumnos/as. ¿Significa esto que habría que enseñarles uno por uno? Eso sería lo ideal, pero es humanamente imposible. Lo que sí es posible, por parte del docente, es acercar los conocimientos a todos los contextos culturales en los que viven sus alumnos. No obligar, mediante el libro de texto, a entender los conocimientos a través del contexto cultural que el libro impone, muchas veces alejado de su percepción de la realidad. Es decir: cerrar el libro, dejar las evaluaciones y los caprichos del campo institucional, investigar los orígenes sociales y culturales de sus alumnos atendiendo al entorno en donde se ubica la escuela, hablar y conocer a las familias para establecer un vínculo de colaboración y apoyo y así crear una manera propia de transmitir los contenidos, adaptados a la realidad de los alumnos/as de su clase y una coalición que fije como objetivo principal la educación de los alumnos/as. Resumiendo en una frase, una mayor implicación en lo que realmente importa: la educación comprensiva.
ESTUDIANTES
Muchos son los consejos que podríamos darles a los alumnos/as aunque a muchos de ellos les serán incomprensibles porque aún son muy pequeños. Estos irán dirigidos a sus padres y madres.
El sistema está hecho para superar pruebas puntuales y obtener un título académico. El aprendizaje está basado en memorizar un temario cerrado para superar dicho examen. Es un aprendizaje obligatorio y es inevitable que tengan este concepto porque así es. ¿Cómo aprender en el sistema sin acabar fracasando? ¿Cómo auto-motivarse en clase? Pues aplicando técnicas de estudio comprensivas.
Cuando leemos un texto debemos hacerlo varias veces hasta desentrañar el mensaje y comprenderlo. Para ello haremos una lectura rápida y luego una lectura más profunda y detenida utilizando el diccionario para aquellas palabras que no entendamos. Cerramos el libro y en una hoja en blanco expondremos con nuestras propias palabras lo que acabamos de leer. Este es un ejercicio básico de comprensión lectora. Una vez realizada esta tarea aplicaremos lo aprendido a nuestra realidad más próxima para ver la utilidad real de lo que acabamos de aprender. Hecho esto es IMPOSIBLE que se nos olvide. ¿Hemos hecho algún ejercicio de memorización?En absoluto. ¿Seremos capaces de superar las pruebas evaluativas de estratificación y clasificación (exámenes) sin recurrir a la memorización? Esta es una respuesta que cada uno deberá descubrir por sí mismo. A continuación proponemos una técnica de estudio comprensiva en el siguiente video:
El alumnado debe conocer la realidad de las aulas. No solo la suya sino también la del docente. Esta tarea debe ser una labor del campo familiar. Deben concienciar a sus hijos/as de que los docentes son víctimas del sistema, al igual que ellos y que solo se podrá mejorar la educación si estos tres campos unen fuerzas. Si el alumnado hace un esfuerzo por comprender la situación del docente y viceversa se mejorará de manera considerable la manera de aprender y, por tanto, la situación en las aulas.
INSTITUCIÓN
Es imposible no ser críticos con este campo. En el momento actual, ¿qué clase de ventajas ofrecen a la mayoría de los usuarios de la escuela pública?La ideología y la situación económica se reflejan en las características de los servicios públicos. La escuela pública no es una excepción. La institución dirige y orienta las políticas educativas. No olvidemos este dato importante.
La mayoría de la población de este país, como vimos anteriormente, son de clase trabajadora. No tienen los recursos económicos necesarios para elegir, por ejemplo, qué educación ofrecerles a sus hijos/as ni tampoco están lo suficientemente preparados para proveerlos de los conocimientos que necesitan para desenvolverse en la sociedad de manera independiente. Es decir, necesitan del sistema. Con un gobierno que defiende los intereses de los más favorecidos, la mayoría de la población está sentenciada. Y con la entrada en vigor de leyes educativas como la L.O.M.C.E. se acentúa, todavía más, la desigualdad de género, socialy la desigualdad educativa.
Es evidente que no persiguen la calidad educativa. Persiguen financiar a las clases a las que defienden sus intereses perpetuando la desigualdad social. Pretenden que la mayoría page una educación burguesa que estratifique a los individuos por su origen social y no por sus logros académicos. En vez de dar un paso adelante damos dos para atrás ya que ninguno de estos dos objetivos son los que persigue una correcta educación.
Esta se define, como hemos dicho anteriormente, en una educación comprensiva en la que el alumno/a comprenda los conocimientos adquiridos y los utilice en su vida diaria de manera libre y con un propósito concreto elegido por él mismo. Esto se realiza dentro de la igualdad social, igualdad de género y de la igualdad de oportunidades, pero con la adecuación de los métodos de enseñanza a la realidad de cada centro educativo. Esta labor debe desempeñarla el docente que, mediante la investigación y la entrevista con los padres y madres de los alumnos/as del centro, tendrá la información necesaria para crear el modelo que mejor se adapte a las necesidades de dichos alumnos/as y a su entorno cultural y social.
Que el sistema sea de esta manera no significa que todo sea malo. Lo importante es saber elegir qué es bueno y qué lo es en menor medida. Ello hay que realizarlo bajo la unión de los tres campos que participamos en la comunidad educativa de manera directa y real: el campo familiar, el campo estudiantil y el campo académico. Bajo este consenso y con el mismo objetivo, educar, podremos apoyarnos mutuamente y gestionar los rácanos recursos que el gobierno nos ofrece.
Si dichos campos logran esta coalición el éxito está asegurado. Reiteramos que la prioridad, al margen de cualquier problema, es un ambiente motivador para el alumno/a. Por ello, campo familiar, campo estudiantil y campo académico deben intercambiar sus papeles, es decir, ponerse en la piel del otro para poder comprenderlo; teniendo como objetivo exclusivo a la educación. La vida se basa en prioridades. Nuestra implicación sobre un tema viene dada por los objetivos que pretendemos alcanzar y la educación no es una excepción. De nuestro grado de implicación, tanto del lado familiar como del lado docente, dependerá el resultado del aprendizaje y de la correcta socialización del alumno/a. Las reformas podrán afectarnos en mayor o en menor medida, tanto para lo bueno como para lo malo. Si existiera unión en la sociedad, una Ley como la L.O.M.C.E. no prosperaría. Resumiendo, se necesita una unión de los tres campos que componen la escuela: familias, docentes y alumnos para llegar a un entendimiento y para orienta los objetivos de cada uno hacia una educación total, comprensiva, duradera, divertida y útil. Así, conseguiremos educar de verdad.
La pregunta es simple. ¿Por qué tengo que pagar un sistema que no me beneficia? Porque no es una elección sino una imposición. Y nos lo imponen por nuestra falta de unión y nuestra inevitable dependencia del sistema.
Participamos muy poco en la elaboración de una sociedad mejor y, lo que es peor, hemos aprendido a conformarnos con la realidad. Esto es muy peligroso ya que una población carente de autonomía y capacidad crítica es muy manejable e influenciable. Nos hemos vuelto insensibles al dolor ajeno y hemos cambiado y desmerecido nuestras verdaderas prioridades. Queremos estar cómodos en casita y que nos resuelvan nuestros problemas, que para algo estamos pagando impuestos. Los impuestos no se invierten en mejorar nuestro bienestar sino en pagar los privilegios de los políticos a los que no renuncian ni con la que está cayendo. Lo sabemos y pasamos. Ante esta actitud, no solo es difícil cambiar el sistema existente sino que crear uno nuevo resultaría misión imposible.
¿Quién controla a los políticos? Nadie. ¿De dónde sale el dinero que pagan sus privilegios y a los que no renuncian? De nuestros bolsillos. ¿Por qué nos exigen austeridad y comprensión cuando ellos no predican, precisamente, con el ejemplo? Porque somos conformistas y manejables y nos preocupan otras cosas. ¿Por qué mantenemos instituciones innecesarias (La Corona, El Senado, los títulos nobiliarios)? ¿Qué hacen por nosotros?Si no nos benefician, ¿para qué están ahí? ¿Por qué no implantar en la empresa pública la misma gestión que en la empresa privada? Son muchas preguntas con respuestas concretas, sencillas y directas.
En educación ocurre lo mismo. ¿A quién beneficia el modelo? A los usuarios del sistema, a sus familias y a los profesionales del sector, desde luego que no. ¿Y por qué lo financiamos? ¿Gratuito? Sale de nuestros bolsillos.
¿Por qué no participamos en su creación que sería lo lógico? ¿Qué mejor opinión para crear un modelo educativo que la opinión de los que se enfrentan a diario con la realidad educativa?
Nuestra dependencia del gobierno nos roba la autonomía de la acción y del pensamiento. Los servicios públicos salen de nuestros bolsillos. Pero no cubre nuestras necesidades. Ni siquiera participamos en su creación. Entonces, ¿por qué pagamos un modelo que no nos beneficia?
Porque la mayoría de la población no tiene una economía que les permita elegir qué educación es mejor para sus hijos/as. Todo se basa en el poder económico, no en la calidad educativa. Ello nos vuelve dependientes del sistema. Y, como no podemos elegir, aceptamos sin más.Y lo mismo ocurre con los demás servicios públicos. ¿Qué ocurriría si todos dispusiéramos de este poder económico? Pues que los servicios públicos desaparecerían y con ello la necesidad de pagar impuestos.
Esta diferencia económica es la que justifica los servicios públicos. Esto es lo que justifica la necesidad de ser gobernados.
Pero hay algo muy importante que olvidamos. El gobierno está para poner los recursos económicos (nuestro dinero) y los recursos humanos; no para orientar o dirigir dichas políticas. Nosotros, que somos los usuarios de estos servicios, conocemos la realidad de primera mano y sabemos exactamente lo que necesitamos. Por tanto, debemos ser nosotros los que creemos el modelo que mejor se adapta a nuestras necesidades; apostando por un consenso entre docentes, padres y madres y alumnos. ¿Cómo va a saber el gobierno lo que ocurre en las aulas si no salen del despacho? ¿Cómo van a crear modelos o reformas educativas si estas están influenciadas por la ideología política? ¿Cómo pueden consultar a los pedagogos cuando estos no viven en la realidad de primaria y secundaria? ¿Cómo pueden tener la poca vergüenza de culpar del fracaso escolar a los profesionales del servicio, a las familias e incluso a los alumnos, cuando ellos son los que han creado el sistema y son los únicos que no han hecho examen de conciencia?
Resumiendo, el hecho de que dependamos del sistema no significa que no podamos ejercer nuestro derecho a ser escuchados, a asociarnos y a protestar. Debemos mirar al gobierno como nuestro servidor y no al revés.
La escuela es un entorno complejo, no cabe duda. Los campos que la componen son diversos y, por tanto, también los objetivos que persiguen cada uno de ellos. Estos, se alejan inevitablemente de lo que realmente es el objetivo principal de la escuela: educar.
Por tanto, no podemos buscar una solución definitiva para el fracaso escolar ya que no satisface a todos los intereses de los campos que la componen. Pero sí que podemos señalar el motivo de todas estas disputas: la economía y las reformas educativas del campo institucional, es decir, el gobierno.
La primera, influye de manera directa en los objetivos de cada uno de los campos. En el momento actual es la principal culpable del fracaso escolar ya que tiene inmersos a los miembros de todos los campos en problemas que la economía desencadena. En el campo familiar, por ejemplo, la economía tiene a sus miembros sumidos en otras preocupaciones que nada tienen que ver con la educación académica pero que influyen de manera catastrófica: desempleo, desestructuración familiar, desahucios, recesión, regreso al hogar paterno/materno, depresión, suicidio, etc. Esto, por supuesto, desvía la atención de los padres/madres de la educación de los hijos/as.
En el campo académico (los docentes), se respira un ambiente de tensión. En él, no solo influye la economía como en el resto de los campos, sino también el gobierno. Sus expectativas desmesuradas sobre la escuela pública, obliga a los docentes a estar cumpliendo exigencias alejadas de la educación. Esto, unido a los recortes económicos y de personal, crea un inevitable aumento de la ratio de alumnos por aula y por docente. A todo ello hay que sumarle sus intereses particulares: sueldo, vacaciones, condiciones laborales, etc., ya que no hay que olvidar que son un cuerpo asalariado. Todo ello les quita tiempo para investigar, experimentar y con ello mejorar o crear nuevas formas de transmitir los contenidos de forma que se adapten a la realidad social y cultural de los alumnos. Formas de enseñanza que sean divertidas, comprendidas y útiles y que el alumno así lo vea, generando la motivación por aprender, no para obtener una puntuación o un título. Pero el sistema está hecho para la evaluación. Sin ella, el sistema no podría justificar el dinero y los recursos humanos invertidos en educación ni podría proporcionar los tan ansiados y perseguidos títulos académicos: un papel que está por encima del aprendizaje real.
Principalmente, los docentes se ciñen a los libros de texto y a los exámenes por varios motivos: por imposición del gobierno debido a los recortes en personal y al aumento de la ratio de las aulas, por falta de tiempo para crear nuevas formas de enseñanza, por las evaluaciones y por otros intereses (personales) desviados de su labor.
El único campo que no sufre la crisis es el campo institucional, es decir, el gobierno. Tienen una serie de privilegios, pagados por supuesto por nuestros bolsillos, a los que no renuncian. No conforme con esto, imponen modelos austeros que provocan más gasto para el bolsillo del contribuyente. Modelos que no creamos, pagamos, y, encima, si no funcionan, pagamos más y cargamos con las responsabilidades.
La solución para salir de la crisis no está en recortar en los servicios públicos sino en suprimir los gastos y las instituciones innecesarias dentro del gobierno, los títulos nobiliarios, reformar el sistema fiscal, etc., y con ello crear un modelo económico que potencie el sector primario, construir una industria puntera e invertir en investigación científica y tecnológica. En definitiva, invertir el dinero en progreso y bienestar colectivo eliminando todos los gastos que no repercuten en el bienestar general.
Como podemos comprobar, todo gira en torno a la economía y a los intereses particulares del gobierno de turno. En todos los campos se generan problemas por sus influencias. En todos menos en uno: el campo estudiantil. Sin embargo, y de manera indirecta, recibe todas las tensiones y los inconvenientes generados en los demás campos ya que depende por completo de todos ellos.
¿Cuáles son los inconvenientes que tiene que soportar? Para nosotros son los siguientes:
-Un campo familiar que no tiene la preparación adecuada, que tiene fe ciega en el sistema educativo (siempre que este no les rasque el bolsillo en exceso), ya que debido a la falta de preparación y a la situación económica dependen de él por completo. Además, se encuentra sumido en otras preocupaciones relacionadas con la economía.
-Un campo académico sin tiempo para experimentar en nuevas formas de transmitir los contenidos; debido a la dedicación casi absoluta que el gobierno les obliga a ejercer, debido a los recortes en personal, las ratios desmesuradas, las expectativas imposibles que este les impone y por sus propios objetivos personales, desviados de la educación. No conforme con ello, son señalados por el gobierno y por los campos familiares como los únicos responsables y se les recorta en recursos y en personal cuando ni siquiera han participado en la creación del modelo.
-Un campo institucional (gobierno) que tiene objetivos muy distintos a la educación con sus reformas. Por tanto, les impone un modelo educativo basado en sus intereses; no en lo que el sistema educativo demanda. Un modelo desmotivador que utiliza para justificar la necesidad de la escuela pública y que para lo único que les sirve a los alumnos es para estratificarlos y clasificarlos en la sociedad gracias a un sistema educativo basado en la evaluación, que utiliza los exámenes y los títulos para llevar a cabo esta tarea. Pruebas que no demuestran a largo plazo la comprensión y el gusto por lo aprendido ya que se realizan de manera puntual. Como consecuencia el objetivo que se marca el alumnado es la superación de dichas pruebas. En resumen, no ven que el aprendizaje sea divertido y útil sino una "obligación", como se refleja en la Constitución Española, para satisfacer las necesidades del sistema económico.
No nos estamos desviando en absoluto, con este primer apartado, de nuestros objetivos por los que hemos creado este blog. Pero es importante comprender que el fracaso escolar se da por la diferencia de objetivos que cada campo busca en la escuela. Si no sabemos cuáles son los motivos del fracaso no podremos ofrecer medidas adecuadas contra él. Si cada uno de los campos que componen la comunidad educativa planteara como objetivo principal a la educación, el fracaso escolar descendería de manera considerable.
Como los modelos educativos son imposiciones creadas por los gobiernos, en colaboración con los pedagogos (maestros universitarios que viven otra realidad diferente a la primaria y secundaria y que, por tanto, no pueden ofrecer soluciones reales), y en los que no participan los docentes, familiares y estudiantes de los sistemas afectados, es difícil cambiar el sistema. Lo que podemos hacer los usuarios del sistema (campo familiar, campo estudiantil y campo académico) es unirnos para intentar educar de otra manera; aprovechando las ventajas del sistema educativo y desechando sus inconvenientes. Es decir, unirnos para gestionar los recursos que el gobierno nos proporcione, que es para lo que debería estar y no para orientar las políticas de los servicios públicos, ya que están basadas en la ideología, no en la calidad de dichos servicios.
En la unión de estos tres campos y en la fijación de un mismo objetivo, está la clave: conseguir una educación total, útil, divertida, comprensiva, crítica y autónoma.