miércoles, 28 de noviembre de 2012

Ante esto; ¿cómo educar?

      Que el sistema sea de esta manera no significa que todo sea malo. Lo importante es saber elegir qué es bueno y qué lo es en menor medida. Ello hay que realizarlo bajo la unión de los tres campos que participamos en la comunidad educativa de manera directa y real: el campo familiar, el campo estudiantil y el campo académico. Bajo este consenso y con el mismo objetivo, educar, podremos apoyarnos mutuamente y gestionar los rácanos recursos que el gobierno nos ofrece.
     Si dichos campos logran esta coalición el éxito está asegurado. Reiteramos que la prioridad, al margen de cualquier problema, es un ambiente motivador para el alumno/a. Por ello, campo familiar, campo estudiantil y  campo académico deben intercambiar sus papeles, es decir, ponerse en la piel del otro para poder comprenderlo; teniendo como objetivo exclusivo a la educación.
     La vida se basa en prioridades. Nuestra implicación sobre un tema viene dada por los objetivos que pretendemos alcanzar y la educación no es una excepción.
     De nuestro grado de implicación, tanto del lado familiar como del lado docente, dependerá el resultado del aprendizaje y de la correcta socialización del alumno/a.
     Las reformas podrán afectarnos en mayor o en menor medida, tanto para lo bueno como para lo malo. Si existiera unión en la sociedad, una Ley como la L.O.M.C.E. no prosperaría.

    Resumiendo, se necesita una unión de los tres campos que componen la escuela: familias, docentes y alumnos para llegar a un entendimiento y para orienta los objetivos de cada uno hacia una educación total, comprensiva, duradera, divertida y útil.

     Así, conseguiremos educar de verdad.

 


    

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