Participamos muy poco en la elaboración de una sociedad mejor y, lo que es peor, hemos aprendido a conformarnos con la realidad. Esto es muy peligroso ya que una población carente de autonomía y capacidad crítica es muy manejable e influenciable. Nos hemos vuelto insensibles al dolor ajeno y hemos cambiado y desmerecido nuestras verdaderas prioridades. Queremos estar cómodos en casita y que nos resuelvan nuestros problemas, que para algo estamos pagando impuestos. Los impuestos no se invierten en mejorar nuestro bienestar sino en pagar los privilegios de los políticos a los que no renuncian ni con la que está cayendo. Lo sabemos y pasamos. Ante esta actitud, no solo es difícil cambiar el sistema existente sino que crear uno nuevo resultaría misión imposible.
¿Quién controla a los políticos? Nadie. ¿De dónde sale el dinero que pagan sus privilegios y a los que no renuncian? De nuestros bolsillos. ¿Por qué nos exigen austeridad y comprensión cuando ellos no predican, precisamente, con el ejemplo? Porque somos conformistas y manejables y nos preocupan otras cosas.
¿Por qué mantenemos instituciones innecesarias (La Corona, El Senado, los títulos nobiliarios)? ¿Qué hacen por nosotros? Si no nos benefician, ¿para qué están ahí? ¿Por qué no implantar en la empresa pública la misma gestión que en la empresa privada? Son muchas preguntas con respuestas concretas, sencillas y directas.
¿Por qué mantenemos instituciones innecesarias (La Corona, El Senado, los títulos nobiliarios)? ¿Qué hacen por nosotros? Si no nos benefician, ¿para qué están ahí? ¿Por qué no implantar en la empresa pública la misma gestión que en la empresa privada? Son muchas preguntas con respuestas concretas, sencillas y directas.
En educación ocurre lo mismo. ¿A quién beneficia el modelo? A los usuarios del sistema, a sus familias y a los profesionales del sector, desde luego que no. ¿Y por qué lo financiamos? ¿Gratuito? Sale de nuestros bolsillos.
¿Por qué no participamos en su creación que sería lo lógico? ¿Qué mejor opinión para crear un modelo educativo que la opinión de los que se enfrentan a diario con la realidad educativa?
Nuestra dependencia del gobierno nos roba la autonomía de la acción y del pensamiento. Los servicios públicos salen de nuestros bolsillos. Pero no cubre nuestras necesidades. Ni siquiera participamos en su creación. Entonces, ¿por qué pagamos un modelo que no nos beneficia?
Porque la mayoría de la población no tiene una economía que les permita elegir qué educación es mejor para sus hijos/as. Todo se basa en el poder económico, no en la calidad educativa. Ello nos vuelve dependientes del sistema. Y, como no podemos elegir, aceptamos sin más. Y lo mismo ocurre con los demás servicios públicos. ¿Qué ocurriría si todos dispusiéramos de este poder económico? Pues que los servicios públicos desaparecerían y con ello la necesidad de pagar impuestos.
Esta diferencia económica es la que justifica los servicios públicos. Esto es lo que justifica la necesidad de ser gobernados.
Pero hay algo muy importante que olvidamos. El gobierno está para poner los recursos económicos (nuestro dinero) y los recursos humanos; no para orientar o dirigir dichas políticas. Nosotros, que somos los usuarios de estos servicios, conocemos la realidad de primera mano y sabemos exactamente lo que necesitamos. Por tanto, debemos ser nosotros los que creemos el modelo que mejor se adapta a nuestras necesidades; apostando por un consenso entre docentes, padres y madres y alumnos. ¿Cómo va a saber el gobierno lo que ocurre en las aulas si no salen del despacho?
¿Cómo van a crear modelos o reformas educativas si estas están influenciadas por la ideología política? ¿Cómo pueden consultar a los pedagogos cuando estos no viven en la realidad de primaria y secundaria? ¿Cómo pueden tener la poca vergüenza de culpar del fracaso escolar a los profesionales del servicio, a las familias e incluso a los alumnos, cuando ellos son los que han creado el sistema y son los únicos que no han hecho examen de conciencia?
¿Cómo van a crear modelos o reformas educativas si estas están influenciadas por la ideología política? ¿Cómo pueden consultar a los pedagogos cuando estos no viven en la realidad de primaria y secundaria? ¿Cómo pueden tener la poca vergüenza de culpar del fracaso escolar a los profesionales del servicio, a las familias e incluso a los alumnos, cuando ellos son los que han creado el sistema y son los únicos que no han hecho examen de conciencia?
Resumiendo, el hecho de que dependamos del sistema no significa que no podamos ejercer nuestro derecho a ser escuchados, a asociarnos y a protestar. Debemos mirar al gobierno como nuestro servidor y no al revés.
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